Bajo el Cielo de Dos Mundos
2 El Guerrero de las Sombras
Aren deu un paso hacia Lía, todavía respirando con dificultad. Sus ojos, de un gris metálico, parecían observarlo todo a la vez: el cielo, la colina, y a ella.
—Mi mundo está muriendo —dijo finalmente—. Y tú… tú eres la única que puede salvarlo.
Lía sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —Yo no soy nadie especial —respondió, intentando mantener la voz firme.
Aren negó con la cabeza. —El portal no se abre para cualquiera. Solo para quien tiene la luz necesaria.
Antes de que Lía pudiera preguntar qué significaba eso, un sonido grave retumbó desde el interior del portal. Como un rugido… pero no de un animal. Era algo más profundo, más antiguo.
Aren se tensó. —Nos encontraron.
Una sombra emergió del portal, extendiéndose como humo vivo. Tenía forma humana, pero sin rostro, sin límites, como si estuviera hecha de noche pura.
Lía retrocedió, el corazón golpeándole el pecho. —¿Qué es eso?
Un cazador —susurró Aren, desenvainando su espada—. Y no se detendrá hasta destruirnos.
La criatura avanzó, y el aire se volvió helado. Aren se colocó frente a Lía, pero la sombra se movía demasiado rápido. Cuando estaba a punto de alcanzarlos, Lía levantó las manos instintivamente
Una luz dorada estalló desde sus palmas.
La sombra fue arrojada hacia atrás, gritando sin voz, y el portal se cerró de golpe.
Aren la miró, atónito. —Entonces… es verdad. La luz está en ti.
Lía cayó de rodillas, temblando. Ella tampoco entendía lo que acababa de hacer.
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